COLORES TERCIARIOS
COLOR TERCIARIO:
Los colores terciarios se consiguen al mezclar partes iguales de un color primario y un color secundario, estos son: amarillo verdoso, amarillo anaranjado, rojo anaranjado, rojo-violeta, azul-violeta, y azul verdoso. Siempre nombrándolos por el color primario primero y el secundario después. Al mezclar un primario con su complementario (un secundario que NO lo contiene) se crean los colores quebrados (o colores tierra) estos son: tierra amarilla (T) con 50% de Amarillo + 25% de Rojo + 25% de Azul, tierra roja (T) con 50% de rojo + 25% de Amarillo + 25% de Azul, y tierra azul (T) con 50% de Azul + 25% de Amarillo + 25% de Rojo.
Los mándalas son diagramas o representaciones esquemáticas y simbólicas del macrocosmos y el microcosmos, utilizados en el budismo y el hinduismo. Estructuralmente, el espacio sagrado (el centro del universo y soporte de concentración), es generalmente representado como un círculo inscrito dentro de una forma cuadrangular. En la práctica, los iantra hindúes son lineales, mientras que los mándalas budistas son bastante figurativos. A partir de los ejes cardinales se suelen sectorizar las partes o regiones internas del círculo-mándala.
Los colores tierra son infinitos y se forman mezclando entre sí ,en diferentes proporciones, los tres colores básicos: rojo, azul y amarillo.
Si las proporciones de la mezcla de los tres colores fuera exacta obtendríamos el negro. Como las proporciones de mezcla pueden variar enormemente, la cantidad de colores tierra (broken hues) que podemos obtener es muy numerosa.
Ocres, sienas y sombras, ocre amarillo, ocre rojo, sombra natural, sombra tostada, etc. son denominaciones comunes de estos colores tierra según la predominancia en ellos de un color básico u otro. Colores terciarios: resulta de la combinación de iguales proporciones de un color primario y otro secundario. Estas mezclas producen el rojo violáceo, rojo anaranjado, amarillo anaranjado, amarillo verdoso, azul verdoso y azul violáceo.
REFERENTE:
Por otra parte, la mayoría de las culturas posee configuraciones mandálicas o mandaloides, frecuentemente con intención espiritual: la mandorla (almendra) del arte cristiano medieval, ciertos laberintos en el pavimento de las iglesias góticas, los rosetones de vitral en las mismas iglesias, las chacanas del mundo andino, los diagramas de los indios pueblo, etcétera.
Es muy probable que esta universalidad de las figuras mandálicas se deba al hecho de que las formas concéntricas sugieren una idea de perfección (de equidistancia con respecto a un centro) y de que el perímetro del círculo evoque el eterno retorno de los ciclos de la naturaleza (tal como en la tradición helenística lo proponía, por ejemplo, el uróboros).
A su vez, en los rituales mágicos es frecuente la separación de un espacio sacro respecto de uno profano; para esto, en la tradición del ocultismo occidental, se ha recurrido y recurre a los círculos mágicos; el espacio sacro —o al menos el del ritual— es el inscripto en tales círculos que, de este modo, cumplen funciones análogas a los mándalas orientales.
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